Según el informe que se dio a conocer este miércoles el país necesitará dos años para recuperarse de la caída que sufrió en 2020 por la pandemia.

06/10/2021 18:01
fuente: Télam

El Banco Mundial proyecta un crecimiento para la Argentina de 7,5% en 2021 y una desaceleración a 2,6% el año próximo, en un contexto de recuperación global tras la pandemia.

Los datos surgen del nuevo informe de la entidad presentado esta tarde en conferencia de prensa por el economista jefe de América Latina y el Caribe, William Maloney, en la antesala de la reunión anual conjunta del FMI y el Banco Mundial, que tendrá lugar la semana próxima.

Según el análisis, a la Argentina le demandaría al menos dos años para recuperar lo perdido en 2020 por el impacto del Covid-19, y tres años para volver a los niveles de fines de 2018.

En la rueda de prensa, Maloney, al ser consultado sobre el tema precios, dijo que no ve riesgos de una hiperinflación en la Argentina y opinó que un acuerdo con el FMI permitirá anclar expectativas.

"No veo riesgo de hiperinflación, la inflación está en alrededor del 50%, pero el Gobierno sigue contando con algunas herramientas para evitar que la crisis se profundice", consideró el economista jefe del Banco Mundial.
 

"No se trata de recortar el gasto sino dehacer un mejor uso de los recursos existentes" sugirió el BM


En este sentido, Maloney indicó que "llegar a un acuerdo con el FMI anclará expectativas, reduciendo más los riesgos" en el corto plazo.

No obstante, señaló que la Argentina sufre "problemas estructurales de largo plazo" y recordó que en la última década previa a la pandemia el crecimiento "no fue tan rápido".

A nivel regional, las previsiones de crecimiento para 2021 se han actualizado durante el verano (boreal) y se espera que el crecimiento regional se sitúe en el 6,3 % en 2021, con lo que prácticamente se recuperarían las pérdidas del 6,7 % de 2020, indicaron desde el Banco Mundial.

Según el organismo, "la crisis de COVID-19 se sumó a otra "década perdida" de bajo crecimiento, lo que sugiere problemas estructurales más profundos", consideró Maloney.

Desde 2010 hasta que se desató la pandemia, la región de América Latina creció un 2,2% anual, al mismo tiempo que el resto del mundo creció a un 3,1 %; "los pronósticos para 2022 y 2023 son igualmente mediocres: 2,8 % y 2,6 % respectivamente", indicó el organismo.

Añadió que "la deslucida recuperación, sumada a las bajas tasas de crecimiento de la década anterior, sugiere la existencia de problemas estructurales internos en la región y apunta a la urgencia de abordar la lista de déficits internos ampliamente conocidos en materia de infraestructura, educación, política energética, capacidad empresarial e innovación, y de afrontar al mismo tiempo algunos nuevos retos relacionados con el cambio climático".

Según el informe, "dadas las vigorosas recuperaciones de los principales socios comerciales, las bajas tasas pasivas de interés mundiales y la perspectiva de otro super ciclo de los productos primarios, habría cabido esperar que las tasas de crecimiento fueran 1,5 puntos porcentuales más altas", aunque los rebrotes de la pandemia ponen en tela de juicio estás expectativas.

El Banco Mundial advirtió que "una reaparición del virus provocaría nuevas caídas en el nivel de actividad económica, no sólo por las medidas de los Gobiernos para hacer respetar el distanciamiento físico, sino también porque la mitad de la disminución de la actividad se debe al distanciamiento voluntario, por miedo a la enfermedad".

Entre las "reformas fundamentales" alentadas, el informe señala la ineficiencia en el gasto y en las contrataciones públicas.

En particular, "la contratación pública de bienes, servicios y bienes de capital representa, por término medio, el 30 % del gasto y es, con frecuencia, una fuente de despilfarro, mala gestión y, en algunos casos, corrupción", alerta el informe.

Y continúa que "el gasto ineficiente debido a sobornos y presupuestos inflados parece ser enorme: alrededor del 26 % sobre el costo de los proyectos. Las simulaciones del Banco Mundial estiman un ahorro de entre el 16 % y el 22 % con sencillas modificaciones de las prácticas y sin cambiar las leyes actuales de contratación del sector público".

Al respecto, concluyó el organismo, "las grandes ganancias potenciales en la eficiencia del gasto suponen un importante complemento o alternativa a aumentar los ingresos del sector público".

"No se trata de recortar el gasto de forma generalizada -como se ha hecho tantas veces a lo largo del tiempo, y que ha resultado en fuertes efectos contractivos-, sino que significa hacer un mejor uso de los recursos existentes", sugirió el Banco, entre otras recomendaciones.


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